Son casi las 2 a.m. y acabo de
terminar de leer Anatema: La selva de los tristes, de Marcos
Llemes.
Como saben, me uní a la
Lectura Conjunta organizada por el blog
Zona Club Lectura. el autor me
proporcionó un ejemplar digital de la novela y, pocos días después, aquí estoy,
empezando mi reseña.
Título: Anatema: la selva de los tristes
Saga: Niños del Inframundo
Año: 2015
Páginas: 323 (el PDF que recibí por la LC)
Edición: autopublicación
Formato: disponible en kindle y próximamente en papel
Sinopsis:
«Los héroes se hacen persiguiendo aquello que aman. Y en el camino encuentran las hazañas que los hacen grandes.»
Sigvert Buckner está muerto. Sus padres no comprenden cómo un niño de su edad pudo cometer suicidio. Nadie lo entiende.
Pero Hans Buckner, agobiado de sospechas, se propone llegar al fondo del asunto.
Tras escudriñar en los cuadernos de su hermano, Hans descubre que Sig ha sido víctima de una fuerza maligna: de algo que quería llevárselo a «la tierra de los niños tristes…» y que al final lo ha conseguido.
Así comienza esta historia.
Siguiendo unas extrañas instrucciones, Hans abandona el mundo de los vivos y despierta en una enorme selva plagada de peligro, donde grupos de niños luchan por su supervivencia.
Hans tendrá que sobreponerse a todas las adversidades y armarse de un equipo de compañeros para cumplir con su objetivo: encontrar a Sigvert en las tierras de la muerte y regresar al mundo donde ambos creen que pertenecen.
Goodreads
FanPage
¿Por dónde empezar? Esto va a ser
difícil, lo admito.
Primero, mi opinión general para sacarles la duda a todos (sobre todo al autor): ya les digo que la
novela en sí es PERFECTA: la narración, el vocabulario, la estructura, la
ambientación, el ritmo, los personajes... Felicito al autor porque ha escrito
una obra impecable, una aventura increíble y una historia fascinante que se
lleva toda mi admiración.
Ahora, ahondando, tengo tanto que decir que me va a costar hacerlo ordenadamente, además de que no acostumbro a
hacer reseñas, así que esto va a ser un hermoso caos (qué romáldito sonó eso). Pónganse cómodos.